viernes, 29 de julio de 2011

Abre los ojos: La realidad de tu vida

Despertar de la conciencia: El sentido de la vida ¿Ya no lo recuerdas?

Despertar de la conciencia: 2012.

Poder mental. Crea un poderoso talismán. Meditación.

infusion san juan

37.  HIERBA DE SAN JUAN / HIPéRICO (Hypericum perforatum),
tallo-hojas-flores.
PROPIEDADES
Usos tradicionales:
a) uso interno: depresión, ansiedad, nerviosismo; malestares premenstruales y menopausia.
La infusión se prepara con 1 cucharada del vegetal para 1 litro de agua recién hervida: beber 1 taza 3 veces al día.
b) uso externo: afecciones de la piel (dermatitis, heridas pequeñas, úlceras e infecciones virales).
Usar la misma preparación para lavados en afecciones de la piel.
Efectos: antidepresivo
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 moderado, cicatrizante, antiviral tópico.
Precauciones: evite la exposición prolongada al sol mientras dura el tratamiento oral. Puede producir reacciones de
hipersensibilidad o alergia, en cuyo caso debe discontinuarse el tratamiento y consultar al médico. Es recomendable que
los pacientes disminuyan o eviten el consumo de alimentos ricos en tiramina (vino tinto, quesos fermentados, conservas
en vinagre), y medicamentos para el resfríos. No se recomienda su uso conjuntamente con fluoxetina y antidepresivos
tricíclicos, a menos que esté con control médico. Administrar con control médico a embarazadas, durante el periodo de
lactancia y a menores de 12 años.
Estos productos tienen el carácter de auxiliares sintomáticos y no reemplazan lo indicado por el médico en el tratamiento
de una enfermedad. Al consultar al médico, infórmele que está usando esta hierba medicinal. Evite su preparación en
utensilios de aluminio
Otros antecedentes: su efecto anti-depresivo está avalado por estudios clínico

jueves, 28 de julio de 2011

creacion del nuevo testamento.

Mientras vivieron los apóstoles y otros discípulos que conocieron y escucharon personalmente a Jesús, ellos se encargaron de referir lo que habían visto y de repetir lo que habían escuchado de los labios del Señor. Al testimonio profético de las Escrituras judías añadían el suyo. «Nosotros somos testigos», dijo Pedro ante el Sanedrín (Hechos 5.32). «Nosotros hemos visto su gloria», escribía Juan en su evangelio. Así surgió la tradición oral, a que recurría Pablo mismo cuando aseguraba a los corintios: «Os transmití, como lo principal de todo, la tradición que a mi vez recibí» (1 Corintios15.3).
Pronto empezarían, sin embargo, a consignarse por escrito y a circular en copias hechas libremente, los primeros registros. No sabemos con certeza cuáles fueron. Quizá concisas reseñas de incidentes en la vida del Señor. Tal vez colecciones de sus dichos, sucintas «memorias» de los testigos, o apuntes de los que oían hablar a los testigos. Los eruditos suponen la existencia de una colección de dichos de Jesús (en griego Logia), fragmentos de una vieja copia de la cual podrían ser dos hojas del llamado Papiro Oxirrinco, halladas una en 1897 y otra en 1903, que datan del siglo III. Con más vaguedad hablan también de una primitiva tradición escrita que designan con la letra Q, inicial del alemán Quelle, «Fuente».
En todo caso, la etapa puramente oral que precede a la formación del texto del Nuevo Testamento es sumamente breve, y otro tanto la intermedia en que dicha tradición coexiste con esos misteriosos primeros escritos anónimos, que no parecen haber sido abundantes, ya que los creyentes de esa primera generación estaban ciertos de que la Segunda Venida del Señor iba a ocurrir pronto, tal vez aun antes de que ellos murieran. A diferencia de la etapa oral que antecede al Antiguo Testamento, la del Nuevo dura escasamente unos tres decenios. Hacia el 50 A.D., Pablo escribe a los tesalonicenses desde Corinto su primera carta. Con ella empieza, cronológicamente, el Nuevo Testamento.
La actividad epistolar del gran apóstol continúa hasta su muerte, ocurrida entre los años 61 y 67. Y aunque algunas de sus cartas se perdieron -dos a los corintios, de las que algunas partes se hallan incorporadas a las ya conocidas como 1 y 2 Corintios, y ciertamente una a la iglesia de Lao­dicea, citada en la de Colosenses (4.16)- con ellas se forma una cuarta parte del texto neotestamentario y ciertamente su núcleo doctri­nal. Hacia el año 65 aparece el Evangelio según Marcos, al que siguen Mateo y Lucas. En los últimos decenios del siglo surgen otras epístolas, el magnífico tratado de autor desconocido que llamamos Hebreos, y al final la Revelación de Juan.
Comienza la etapa en que se intensifica la multiplicación de copias de los escritos que ahora forman el Nuevo Testamento. Circulan primero, como sucedía con los del Antiguo, en rollos por separado o en hojas sueltas de papiro. Pero con ellos empiezan a formarse colecciones, la primera, al parecer, de las cartas paulinas. Más tarde quizá la de los evangelios. Hacia fines del siglo II los cristianos adoptaron la forma de códice, hojas escritas encuadernadas como libro, sistema que había empezado a emplearse en el siglo I y que acabó por sustituir a los rollos y las tabletas como material de escritura, y parece que los primeros códices cristianos fueron de los cuatro evangelios, de los evangelios y Hechos, de 10 epístolas paulinas, y de las 13 epístolas de Pablo. Fue ya bien entrado el siglo III cuando aparecieron códices con todo el Nuevo Testamento, y tal vez con toda la Biblia.
Igual que en el caso del Antiguo Testamento no hubo durante siglos un textus receptus del Nuevo. La libre multiplicación de copias dio lugar también a la formación de familias textuales que, como en el caso del texto del Antiguo Testamento, se fueron formando en torno a ciertos centros de erudición bíblica cristiana. Se señalan así por lo menos tres principales tipos de texto: el alejandrino, el llamado oriental, emanado de Cesarea y Antioquía, y el llamado occi­dental, que se desarrolló en África, Italia y Galia. El alejandrino, también llamado por algunos eruditos «neutral», es el que se considera generalmente como mejor conservado.

guerrero de la luz de cohelo

El guerrero de la luz sabe perder.
Él no trata a la derrota como algo indiferente, usando frases tales como “Bien, esto no era tan importante” o “A decir verdad, yo no quería realmente esto”. Acepta la derrota como una derrota, sin intentar transformarla en victoria.
Amarga el dolor de las heridas, la indiferencia de los amigos, la soledad de la pérdida. En estos momentos se dice a sí mismo: “Luché por algo y no lo conseguí. Perdí mi primera batalla”.
Esta frase le da nuevas fuerzas. Él sabe que nadie gana siempre, y sabe distinguir sus aciertos de sus errores.
El guerrero da luz antes de que se la pidan.
Cuando ven esto, algunos compañeros comentan: “Quien necesita algo lo pide”.
Pero el guerrero sabe que existe mucha gente que no consigue – simplemente no consigue – pedir ayuda. A su lado existen personas cuyo corazón está tan frágil que comienzan a vivir amores enfermizos; tienen hambre de afecto, y vergüenza de demostrarlo.
El guerrero las reúne alrededor de la hoguera, cuenta historias, reparte su alimento, se embriaga junto con ellas. Al día siguiente, todos se sienten mejor.
Aquellos que miran la miseria con indiferencia son los más miserables.
El guerrero de la luz aprendió que Dios usa la soledad para enseñar la convivencia.
Usa la rabia para mostrar el infinito valor de la paz. Usa el tedio para resaltar la importancia de la aventura y del abandono.
Dios usa el silencio para enseñar sobre la responsabilidad de las palabras. Usa el cansancio para que se pueda comprender el valor del despertar. Usa la enfermedad para resaltar la bendición de la salud.
Dios usa el fuego para enseñar sobre el agua. Usa la tierra para que se comprenda el valor del aire. Usa la muerte para mostrar la importancia de la vida.